[ lo siento, tengo algo que hacer ]
Jaime Solares casi tropieza con cinco, seis sillas, sonríe incómodo a la serie de rostros grises de la terapia grupal.
Mi nombre es Santiago, entredice Jaime y oprime el sudor insaciable de su frente contra la manga vieja. Observa un público como el faro que pasa revista al mar, hola Santiago, unísono. He vivido sin probar bocado desde hace cinco años, aclara la garganta, quizá seis, suspira, tímido hilo de aire. Supe que no estaba sólo incluso supe de casos más intensos, alza la cabeza mira taladrando sus ojos en las ojeras añejas y rostros que se muerden los labios inferiores, leí de gente que pasa décadas manteniéndose de propios fluidos, de sus desechos, de costras de piel y uñas, abre bien los ojos pausa unos cuantos segundos. Al saber de autófagos anónimos reconocí ¡soy uno de ustedes, hermanos y amigos!, temblaba al terminar la frase.
Silencio fresco.
Gracias Santiago, se levantan y Jaime recordará por el resto de su vida esa tarde en la que fue llevado en hombros por los aplausos hasta el heroísmo más frío y dulce.
1 comentarios:
Me gusta tanto esta idea de la autofagia, tengo algo de ello aunque me empeñe en negarlo pero vamos...¿"esa tarde en la que fue llevado en hombros por los aplausos hasta el heroísmo más frío y dulce"? no pude evitar lanzar un suspiro de esos [ternurita, ya sabes] y recordar al héroe. Neeee, yo le daría la mano -hermano- pero no lo alzaría en hombros pues todos sabemos que hace 2 meses tuvo una recaída =D
-PD. contadora pública-
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