El concreto tiembla por el sol, hierven mis ojos repletos de venas. Mi nombre es Londres, y cualquiera se pregunta al verme ¿qué negocio requiere traje tan oscuro en este desierto tan blanco? Hace días que no hago otra cosa que moverme: desde aviones, desde nubes, desde montañas, desde carreteras, desde tickets, desde. He venido resignado, el mensaje era perturbador: ahí la encontrarás.
Entre los dedos, mi corbata: aquella que etiqueté de la suerte, porque sus aguados iris me sonrieron al extender una caja magenta, «Te he comprado algo, espero te guste». La política de la empresa es estricta, saco negro, pantalón negro, sombrero negro. Ha tres años que dejé de buscarla, y me concreté por completo a ordenar una y otra vez sus pocas pertenencias en mi departamento.
«El cuerpo humano ha sido obsoleto desde hace siglos», pero gracias a su inutilidad podemos subyugarnos a su adoración. Siempre eras tan fuera de serie, tan segura de tu fugacidad que dedicabas tus últimas fuerzas a huir. La silla de ruedas, recuerdo el motorcillo chillón cuando me querías sorprender.
20090125
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2 comentarios:
Un texto por la ausencia a no sé cuantos kilometros por hora, sin duda desaparece rápido...buen indicio desaparecido, una paradoja.
no es la primera vez que lo leo (ligeras modificaciones) pero esta vez me tiene
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