20080727

Puntualidad

Un reloj fijo a la pared marcaba las seis de la tarde, y a su alrededor, sincrónicos, los muebles tornaron ese ocre destello a bronce, esos bordes mostaza circundando la pantalla vieja de la lámpara.
Sonó el teléfono, dos cuerpos inmóviles en el sofá.
Suena el teléfono una vez más; ella aclara la garganta, se incorpora lentamente del sillón, gira el rostro para mirar a su compañero, y sonríe, pues hace días que han muerto.

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